Aquél hombre despertó, estaba en una habitación oscura, con una sola puerta que representaba para el la única manera de volver a la realidad, corrió hasta ella, pero descubrió que estaba cerrada. La luz se filtraba por la rendija de la puerta, tras aquellas paredes habían más personas, pues a veces esa luz se veía interrumpida con sombras que se movían de un lado a otro. Entonces fue cuando no pudo contenerse, y comenzó a gritar, desesperadamente, golpeando la puerta con los puños cerrados, pero a pesar de sentir como su garganta se rasgaba por cada grito que daba, no lograba emitir ningun sonido, los golpes en la puerta no provocaban ningun ruido..
En ocasiones, es inevitable sentirse así.
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